“Uberización” del empleo Nick Srnicek analiza las caras más ásperas del capitalismo digital.

El economista canadiense, autor de “Capitalismo de plataformas”, sostiene que la precarización laboral asociada a modelos como Uber seguirá siendo marginal o desaparecerá.


Envíos. En la Argentina varias empresas se disputan el servicio de delivery bajo el formato de “plataformas austeras”, que hacen viable el negocio a partir de la tercerización. Foto: Fernando de la Orden.


Bibiana Ruiz.

Después del éxito del Manifiesto Aceleracionista, en el que junto a Alex Williams describe la celeridad del mundo en relación con el capitalismo, Nick Srnicek se mete ahora con las grandes tecnológicas y sus perversos mecanismos. En Capitalismo de plataformas (Caja Negra, 2018), el autor ahonda en las transformaciones de la estructura económica a partir de las plataformas, detalla los pormenores de la economía digital y explica cómo, en pos de una revitalización del modelo capitalista, los datos se convirtieron en el bien más preciado.

-Parece que todos sabemos de qué hablamos cuando hablamos de plataformas, pero ¿de qué hablamos en realidad?

-En parte escribí el libro porque parecía haber un florecimiento de ideas en torno a las plataformas, pero dándole poca importancia a lo que el término significaba. Finalmente adopté una definición económica de plataformas: modelos de negocio polifacéticos que conectan a diferentes grupos de usuarios. Así, por ejemplo, Facebook conecta a usuarios, anunciantes, compañías y desarrolladores, entre otros. Se convierte en un lugar, una plataforma, para que estos grupos interactúen. Es bastante diferente de los modelos de negocios tradicionales, que estaban más enfocados en obtener insumos baratos, agregarles valor y producir un producto más caro. En cambio, las plataformas están mucho más concentradas en atraer a los grupos de personas adecuados y en un número suficiente como para que los efectos de red empiecen a afianzarse. Es ahí que el valor de una plataforma sube para todos, a medida que más y más personas la usan. Entonces, la estrategia de una plataforma es alcanzar un punto de inflexión con los efectos de red, tras lo cual empieza a convertirse en un mercado en el que “el ganador se queda con todo”. Esta es una de las grandes razones por las que vemos tantas empresas monopólicas en el sector de las plataformas: los efectos de red llevan a los usuarios a una gran plataforma.

-¿Cómo es que la competencia capitalista lleva a la fragmentación de internet?

-Yo sostengo que que hay una fuerte tendencia a que el capitalismo fragmente internet. El argumento básico: la competencia bajo el capitalismo de plataformas consiste en buscar cada vez más usuarios (para conseguir los efectos de red) y, en última instancia, extraer la mayor cantidad de datos posible para alimentar las iniciativas del aprendizaje automático. Lo que hemos visto hasta ahora son las plataformas que operan en sectores individuales: Facebook en redes sociales, Google en buscadores, Amazon en comercio electrónico. Estas plataformas reinan en cada uno de sus feudos. Sin embargo, las demandas del capitalismo refieren que no pueden mantenerse conformes con estas áreas y deben mirar más allá de sus sectores iniciales para obtener más datos y más usuarios. Esto significa que cada gran plataforma ha estado expandiendo su aparato de extracción de datos en otra parte. Facebook y Google invierten en ecommerce, Amazon lo hace en publicidad y en búsqueda, y los tres invierten en la casa inteligente. Mi predicción -que podría estar equivocada pero creo que es importante que los académicos usen sus marcos para tratar de discernir lo que el futuro cercano depara– es que a medida que estas plataformas se expandan, se enfrentarán cada vez más unas con otras en una dura competencia. Ya vemos señales de esto, con una serie de peleas por patentes que se da entre bambalinas. También vemos más esfuerzos indirectos para bloquearse mutuamente: Amazon, por ejemplo, no tiene productos Google, y hasta hace poco tampoco tenía productos Apple. Google, a cambio, bloqueó en YouTube los productos Amazon. Y a medida que estas empresas se transforman en compañías de inteligencia artificial, puede observarse cómo se esfuerzan por contratar a los trabajadores mejor cualificados y sus esfuerzos por ganar la carrera de los autos sin conductores y los hogares y asistentes inteligentes. Con las apuestas tan altas, creo que es inevitable que la competencia se plante con más crudeza (y más claramente) en el futuro cercano. El resultado final será que estas plataformas construirán espacios protegidos, tornándose incompatibles con las otras plataformas. Ya podemos ver esto con Apple, donde comprar un producto significa encerrarse en todo el ecosistema de la parafernalia asociada con Apple, el software de Apple y las interfaces de Apple. Mi corazonada es que empezarán a ocurrir cosas similares con las otras plataformas, porque buscan bloquear a los usuarios en sus plataformas. De ahí que el capitalismo generará una fragmentación de internet.

-¿Podría señalar las diferencias entre el boom tecnológico de los 90 y el de la década de 2010, que incluye nuestros días?

-El boom tecnológico de los años 90 fue, en muchos aspectos, la base de internet tal como la conocemos hoy. De ser un espacio relativamente marginal y no comercial, los 90 vieron una gran inversión de las compañías en su búsqueda por monetizar este nuevo ciberespacio. Gran parte de la infraestructura fundacional de internet tuvo su origen en ese período. El problema era que nadie sabía cómo monetizar internet. Para muchos parecía bastar con tener un sitio web. Sin embargo, a principios de la década de 2000, se hizo cada vez más obvio que eso no funcionaría y la burbuja explotó. No obstante, el resultado final es que las compañías sobrevivientes como Google y Amazon comenzaron a liderar nuevas formas de monetizar internet (ya fuera a través de la publicidad, en Google, o en conceptos de alquiler por logística con Amazon). Gran parte del sentido común actual sobre cómo ganar plata en internet surgió en ese momento. Hoy tenemos otro boom tecnológico, con una gran cantidad de capital invertido en start-ups (nuevas empresas) tecnológicas. Igualmente, hay algunas diferencias a tener en cuenta. Primero, los niveles de inversión están todavía por debajo de los picos del momento de mayor crecimiento de las puntocom. Sin embargo, nada ha alcanzado ese vertiginoso período. Segundo, aquello en lo que se invierte es bastante diferente. Si el auge de las puntocom tuvo que ver con la infraestructura y los esfuerzos pioneros en los sitios web comerciales, hoy la inversión se centra más en lo que yo llamo “plataformas austeras”, plataformas que se comercializan como una nueva forma de hacer negocios mediante la subcontratación de todos los activos fijos que pueden tercerizar. Uber es el ejemplo, con un modelo de negocio inicial de esfuerzo para no ser dueños de taxis (o pagar a los trabajadores por enfermedad, seguro de desempleo o lo que sea). Si bien hoy el modelo de Uber está cambiando, la promesa inicial era que este tipo de plataformas podría ofrecer beneficios monopólicos si tenían suficiente inversión. Y los inversionistas han comprado estas promesas.G

-Glovo fue la aplicación de delivery más utilizada en 2018, con más de un millón y medio de descargas y dos millones de pedidos, y promete seguir expandiéndose por el país. Pareciera ser que la fórmula precarización laboral + especulación financiera no les resulta tan mal. ¿Cómo se explica entonces?

-Toda estas plataformas austeras, y Glovo no es la excepción, dependen de la economía del trabajo temporal y de bajos salarios y de su capacidad para evadir las leyes tradicionales de protección de los trabajadores. Una gran parte del gasto de Uber, por ejemplo, se destina a los casos legales en los que intentan defender la idea de que sus conductores son contratistas independientes y no empleados tradicionales. Aún así, los trabajadores están empezando a luchar contra esta precariedad forzada, y las ciudades y las naciones también lo están haciendo. Lugares como Londres y Nueva York están empezando a ponerse al día con las cuestiones legales y encontrando formas nuevas de garantizar que los trabajadores mantengan sus derechos. Esto es importante porque tienden a ser negocios con margen. Y muchas de estas plataformas no son rentables. Uber, por ejemplo, se considera a menudo el ejemplo más exitoso de plataforma austera, pero perdió más de 4 mil millones de dólares el año pasado. Según cualquier métrica capitalista tradicional, es una empresa tremendamente infructuosa. La única forma en que estas compañías sobreviven es mediante el uso de este modelo de empleo de salarios bajos y recibiendo los beneficios del capital de riesgo en la forma de rondas de financiamiento cada vez más complejas. Si los trabajadores comienzan con éxito a exigir derechos básicos y sueldos decentes, esto supondrá un inmenso desafío para la sostenibilidad de muchas de estas empresas. Por lo tanto, no tomaría la rápida expansión de muchas de estas compañías como una señal de éxito; a menudo cubre la insostenible explotación masiva de trabajadores y grandes agujeros en los registros contables.

-¿Nos dirigimos hacia un colonialismo digital? ¿Por qué?

-Hay una especie de colonialismo digital emergente, con plataformas estadounidenses y chinas como la fuerza impulsora detrás. Esto tiene que ver con las tendencias de monopolización de estas compañías: los efectos de red generan un modelo vencedor donde el ganador se lo lleva todo, que en última instancia ve a las fronteras nacionales como obstáculos a superar. El resultado es el surgimiento de plataformas globales como Google, Facebook y Amazon, y en aumento Alibaba, Baidu y Tencent. Estas compañías pueden abarcar el mundo de manera efectiva y superar a cualquier competidor local que intente interponerse en su camino. Lo que termina pasando es que tanto el capital como los datos se desvían de los países dependientes y se envían nuevamente a Estados Unidos y China. Los ingresos por publicidad son absorbidos por Google y Facebook; Amazon y Google tienen una participación cada vez mayor en las ganancias de la computación en la nube; y todas estas compañías tienden a extraer datos locales y sumarlos a sus propios y crecientes y numerosos pooles de datos. Se convierte en un flujo unidireccional de recursos de los países dependientes (que dependen de ellos) hacia el centro. El resultado final es que estas empresas se vuelven aún más poderosas a medida que su concentración de capital y datos se destinada a eliminar todavía a más competidores.

-Una sociedad postrabajo sería aquella en la que se eliminaría la imposición de vender nuestro tiempo al mercado laboral, algo que los primeros movimientos de trabajadores consideraron acertadamente como una gran vulneración a la libertad. Esto no significaría el fin del trabajo en sí, dado que siempre habrá tareas sociales requeridas (criar niños, cuidar a los padres ancianos/mayores, etc.), y proyectos autónomos libremente elegidos que podríamos comenzar (aprender a tocar un instrumento musical, ser voluntario de un banco de alimentos local, etc.). Pero el postrabajo significaría el fin del trabajo asalariado como la forma que toma el trabajo en el capitalismo. Vale la pena señalar que el fin del trabajo no necesariamente significaría el fin del capitalismo. Todavía tendríamos un sistema económico impulsado por la búsqueda de ganancias y una acumulación interminable, y aún tendríamos que tomar decisiones sobre la mayoría de los asuntos económicos manejados por mecanismos de mercado ciegos. Pero un mundo postrabajo sería uno en el que los trabajadores tuvieran mucha más libertad y vean afianzadas sus capacidades para actuar en el fortalecimiento de sus propios intereses. Dados los vastos niveles de desigualdad que vemos en todo el mundo, que los trabajadores tengan más poder es una necesidad.

-¿Por qué siempre debemos recurrir a un pensamiento utópico?

-El pensamiento utópico siempre es necesario para imaginar un mundo más allá de nuestras limitaciones actuales. Y dado que todavía vivimos en una era plagada de la noción de que “no hay alternativa al neoliberalismo”, el pensamiento utópico es aún más necesario. Sin embargo, es importante distinguir entre dos tipos de utopía. Una es una utopía abstracta, basada en una perfección donde se haya alcanzado la armonía y superado el disenso. Tal mundo es imposible y está muy lejos de las realidades de hoy en día. Es pura ficción. Un segundo tipo de utopía es el concreto. Estas utopías reconocen que la perfección es imposible, que el debate nos acompañará siempre y que cualquier visión de futuro debe basarse en lo que está disponible hoy. Este último tipo de utopía es esencial porque nos revela un mapa de la coyuntura actual y sus límites.

Nick Srnicek. "Uber se considera el modelo más exitoso de plataforma austera, pero perdió más de 4 mil millones de dólares el año pasado", subraya el experto en economía digital.

Nick Srnicek. “Uber se considera el modelo más exitoso de plataforma austera, pero perdió más de 4 mil millones de dólares el año pasado”, subraya el experto en economía digital.

Básico Nick Srnicek

Nacido en Canadá en 1982, es profesor de Economía Digital del Departamento de Humanidades Digitales de King’s College en Londres. Doctorado en Relaciones Internacionales, fue editor de Millennium: Journal of International Studies. Sus investigaciones están basadas en la interacción de la economía política y la tecnología, y se encargan de analizar tanto las amenazas como las oportunidades que surgen de esa relación. Es coautor del Manifiesto Aceleracionista junto con Alex Williams, de gran repercusión mundial y traducido a varias lenguas. Con él publicó también Inventar el futuro. Poscapitalismo y un mundo sin trabajo.

Fuente: Clarín

Comentarios

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*